CARTELERA CINE EN LA CIUDAD
Durante los últimos meses del año, Cine en la Ciudad invita a recorrer un mosaico de historias, miradas y sensibilidades que conforman el pulso del cine mexicano contemporáneo. Desde el rescate del patrimonio audiovisual hasta las propuestas experimentales de la animación y el documental, esta cartelera reafirma la vocación de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y de PROCINECDMX por acercar el cine a los espacios públicos, fomentando el encuentro, la memoria y la reflexión colectiva.
A través de colaboraciones con instituciones aliadas como el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), el Festival Internacional de Cine para niños… y no tan niños, LA MATATENA y la Muestra del Acervo de Animación Mexicana ANIMASIVO, la programación propone un diálogo entre generaciones de realizadoras y realizadores, entre los archivos fílmicos y las imágenes del presente.
Los distintos ciclos que integran esta edición amplían los horizontes temáticos y formales de la cartelera, ofreciendo un panorama diverso que abarca desde la memoria íntima y los procesos sociales hasta la exploración de los vínculos entre arte, naturaleza y sostenibilidad.
En particular, el Ciclo de Cine Medioambiental surge como un espacio de reflexión sobre la urgencia ecológica y la relación entre el ser humano y su entorno. A través de documentales que abordan temas como la defensa del territorio, la crisis climática y las resistencias comunitarias, este ciclo busca generar conciencia y diálogo, reafirmando el compromiso de PROCINECDMX con un cine que se piensa como herramienta de transformación social. Este Ciclo estará presente de forma permanente en la programación de Cine en la Ciudad, empezando en esta ocasión con una selección de documentales que hacen referencia al cuidado del agua y la preservación de los rituales en torno a ella.
De este modo, Cine en la Ciudad cierra el 2025 con una invitación a mirar, escuchar y sentir las múltiples formas en que el cine mexicano sigue narrando su tiempo. Una programación que celebra la diversidad de voces y territorios que nos conforman, y que mantiene viva la convicción de que el cine, proyectado en comunidad, continúa siendo un acto de encuentro, memoria y esperanza.
Ciclo de cine: #TodasTodosLosDías En el marco del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas
El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer, nuestra labor en PROCINE cobra un sentido más profundo y urgente. Ser el puente entre las historias y sus audiencias se convierte, en esta fecha, en una misión esencial de visibilización y memoria.
El cine es una herramienta poderosa para nombrar lo que muchas veces se calla. El ciclo #TodasTodosLosDías es una curaduría íntima, nacida del sentir y la reflexión de las mujeres e identidades no binarias que conformamos el equipo de este Fideicomiso. No somos cineastas; somos gestoras, promotoras y difusoras culturales, y desde esta trinchera honramos la memoria, la resistencia y la acción.
Con estas películas, buscamos materializar el complejo universo de emociones que nos evoca el 25N. Son historias que nos reafirman, nos revelan y nos permiten vernos reflejadas en la sensibilidad y la visión de directoras con las que nos identificamos profundamente. Historias que nos recuerdan que las transformaciones no solo ocurren en lo público o lo colectivo, sino también en las batallas íntimas de cada una, en esos pequeños actos de dignidad, sororidad y creatividad que nos permiten imaginar un mundo distinto.
Les invitamos a que estas funciones sean un momento para reconocernos en la pantalla, para aprender unas de otras, y para seguir soñando juntas con un futuro donde la violencia no tenga cabida. Nuestra misión, la que ejercemos todos los días, es asegurar que estas voces sigan resonando.
Abril Alzaga
Directora General del Fideicomiso PROCINECDMX
Abril Alzaga
Directora General del Fideicomiso PROCINECDMX
presenta:
¿Qué es para mí el 25N?
Para mí, el 25 de noviembre es un día para mirar de frente todas esas violencias que se ejercen simplemente por ser mujer. No hablo solo de las más visibles, como la violencia física, sino también de esas otras que se esconden en gestos, palabras o actitudes que buscan hacerte sentir menos. A veces esas son las que más duelen: cuando alguien intenta recordarte que vales menos, que ocupas un escalafón más bajo en la sociedad, que no deberías soñar en grande, que tu lugar no es ocupar demasiado espacio. Cuando tu presencia o tu brillo incomodan porque, a pesar de la triple jornada, te las arreglas para seguir avanzando.
El 25N me invita también a reflexionar sobre cómo estamos atendiendo, como sociedad, esta transformación en la que las mujeres hemos decidido ocupar otros lugares y romper con los moldes que nos impusieron. Pienso mucho en lo difícil que es desmontar una estructura que avanza a diferentes velocidades: mientras unas partes se mueven con fuerza hacia adelante, otras se quedan quietas, sin comprender que el mundo ya cambió.
Pero, sobre todo, este día me sirve para imaginar. Imaginar una sociedad distinta, donde todas las personas tengamos un lugar digno, donde podamos construir nuevos códigos y formas de relacionarnos, donde las responsabilidades se compartan de manera justa. Sueño con un mundo en el que vivir con felicidad y bienestar no sea un privilegio, sino un derecho compartido.
El cine me ayuda a reconocer estas violencias que muchas veces se normalizan o permanecen invisibles. Películas como La camarista de Lila Avilés, Los adioses de Natalia Beristáin y Batallas íntimas de Lucía Gajá, muestran, desde distintos lugares, cómo el simple hecho de ser mujer puede colocar a todas en posiciones de desigualdad, aunque los escenarios sociales sean muy distintos. Al ver estas historias, se vuelve más fácil reconocer los gestos cotidianos que borran, invisibilizan o minimizan, y también las formas de resistencia y cuidado que construimos día a día.
Estas historias me recuerdan que las transformaciones no solo ocurren en lo público o lo colectivo, sino también en las batallas íntimas de cada una, en esos pequeños actos de dignidad, sororidad y creatividad que nos permiten imaginar un mundo distinto. Y quizás, ahí está la esperanza: en vernos reflejadas, aprender unas de otras y permitirnos soñar con una sociedad donde todas y todos tengamos derecho a ser, a brillar y a construir.
Abril Alzaga
Fernanda Gómez
Coordinadora de Operación y Proyectos, e
Idalia Rodríguez
Auxiliar del proyecto de Convocatorias
presentan:
Fernanda Gómez
El 25 de noviembre nos recuerda que las violencias contra las mujeres no son solo físicas o visibles; también existen en el espacio digital, donde las pantallas se convierten en armas. La violencia digital hiere, silencia y condiciona nuestra manera de habitar la era tecnológica, dejando cicatrices que no siempre se ven pero que pesan.
Hablar de esto es necesario porque nuestros cuerpos, nuestras voces y nuestras imágenes no deberían ser nunca usadas en nuestra contra. Reflexionar sobre la violencia digital es también un acto de resistencia: nos invita a imaginar entornos digitales seguros, libres y solidarios.
Este ciclo de películas nos permite poner en común nuestras miradas y experiencias, abrir conversaciones necesarias y recordarnos que, a través del arte y la memoria, seguimos encontrando fuerza para transformar la realidad y caminar hacia una vida libre de violencias.
Idalia Rodríguez
La RAE define la culpa como la "imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta". En otras palabras, la responsabilidad sobre una falta o daño. Las mujeres que luchan en pantalla nos recuerdan que, por demasiado tiempo, esa culpa se nos ha impuesto injustamente. Es momento de que cambie de bando.
No se trata meramente de vivencias aisladas, sino de un sistema completo que continúa violentándonos de múltiples maneras, reinventando sus mecanismos una y otra vez. Somos sobrevivientes de una violencia que muta y se esconde detrás de nuevas formas. Por ello es fundamental aprender a reconocerla desde sus múltiples facetas. Incluso en el plano digital.
Porque merecemos relaciones afectivas sanas, libres de control y poder sobre nuestro género. Merecemos protocolos que reconozcan los delitos por lo que son, sin sentir vergüenza al ejercer nuestros derechos. ¡Por un país donde los reclamos se conviertan en sentencias y la lucha feminista se transforme en legislaciones que nos protejan!
Rosario Zaragoza,
Programadora y coordinadora del circuito de exhibición,
presenta:
La libertad de elegir desde el territorio
Cuando se habla de violencia de género lo primero que solemos imaginar son agresiones físicas, actos punitivos y prohibiciones. Y entiendo que es importante expresar nuestro enojo y seguir exigiendo una vida libre de violencia, sin embargo en esta ocasión, mi forma de combatir esta lucha, será otra. Existen otras historias de mujeres que, desde sus comunidades, construyen su vida con libertad, identidad y resistencia.
En Formas de atravesar un territorio, la directora Gabriela Domínguez Ruvalcaba construye una narrativa de la mano de sus protagonistas: Sebastiana y sus ocho hijas; mujeres tsotsiles pastoras y tejedoras de lana que mantienen una estrecha relación con la naturaleza y la unión en comunidad que sostienen entre sí. La película muestra su día a día: cuidar ovejas, tejer, organizarse, transmitir su memoria. Lejos de ser una vida impuesta por obligación, es una elección consciente de habitar su territorio, preservar su lengua y sus raíces y de educar a sus hijas para que puedan decidir por sí mismas, sin imposición, sin castigo y sin resignación.
El propio proceso de filmación es un acto de libertad y cuidado colectivo: un equipo de producción integrado sólo por mujeres y una mirada que no sólo dignifica las historias indígenas, sin exotizarlas ni juzgarlas, sino que también demuestra el crecimiento del vínculo amistoso entre la directora y las pastoras. La violencia separa y atomiza a sus víctimas; la colectividad reivindica el cuidado y el amor, la protección y la defensa de sí mismas.
Retratar la memoria de las mujeres tsotsiles desde el ejercicio íntimo y cuidado que realiza Gabriela es una forma de mirarse y narrarse a sí mismas en este documental. Para mí es también, una forma de libre de elegir y decidirse libres.
Este documental nos invita a profundizar: ¿qué significa realmente ser libre cuando se es mujer? ¿Puede la resistencia cultural y comunitaria ser también un camino hacia esa libertad? ¿Cómo visibilizar el trabajo de las mujeres indígenas sin reducirlo a estereotipos ni a victimismos? ¿Cómo podemos entender el proceso de elección cuando se anula la violencia sistémica de nuestros propios pensamientos, de nuestras acciones?.
El camino de la lucha para la eliminación de la violencia en contra de las mujeres, las niñas y las identidades no binarias, debería ser además, un sitio seguro donde todas y todes podamos sentirnos libres de elegir nuestros propios caminos y de poder contar libremente nuestras propias historias.
Historias como la de Formas de atravesar un territorio son importantes porque muestran que la libertad no siempre se ejerce saliendo de la comunidad; también puede ejercerse quedándose, cuidando y decidiendo desde el propio lugar al que perteneces.
Dafne Munguía
Programadora y auxiliar del proyecto de programación
presenta:
Luz de Luna es en Nómadas de la 57, un espejo de las experiencias como mujeres vivimos cuando tratamos de abrirnos paso en espacios hostiles.
Ella, como camionera, transforma el dolor de un matrimonio violento en impulso para sostener a su familia y conquistar un lugar en un oficio históricamente masculinizado, enfrentando al mismo tiempo nuevas violencias en la carretera. Siento particularmente poderosa su historia, porque su andar por las carreteras de México refleja esas rutas invisibles que tantas recorremos cuando decidimos salir del lugar asignado y tomar el control de nuestro propio destino. En ella vemos a quienes se atreven a irrumpir en oficios, disciplinas o territorios donde su presencia ha sido históricamente cuestionada: la mujer que se abre paso en un gremio masculinizado, la que pedalea por una ciudad que no siempre la protege, la que cría, crea o trabaja desde la intemperie.
Como ella, muchas hemos aprendido que resistir no siempre significa enfrentarse con fuerza, sino también avanzar con dignidad, con paciencia y con la convicción de que cada paso abre camino para otras. Su historia encarna esa fuerza silenciosa que nace del cansancio, de la persistencia y de la certeza de que la resiliencia es una forma de lucha, no de conformismo.
Programar Nómadas de la 57 significa para mí tender un puente entre las luchas de las mujeres en la vida cotidiana y la fuerza colectiva que nos permite sobrevivir y transformarnos. La película, además, dialoga con la dimensión social del ciclo: visibiliza la explotación laboral, la violencia estructural y la importancia de los espacios de cuidado, como las cachimbas en carretera, que se asemejan a las redes de apoyo que nos sostienen en lo personal y lo comunitario. Porque, en el fondo, todes compartimos ese impulso de transformar el miedo en movimiento, el dolor en impulso y la soledad en comunidad. Y es en ese gesto tan humano y tan colectivo donde encontramos el verdadero poder de seguir avanzando, incluso en caminos que nunca fueron pensados para nosotras.
Gabriel Mora
Coordinador del proyecto de la Red de Cineclubes,
presenta:
La película entreteje una pregunta que flota sin decirse del todo:
¿Quién fue mi madre antes de ser mi madre?
Esa pregunta me atravesó. Tal vez sea porque crecí en un hogar lleno de cuidado y amor, y nunca me detuve a pensar qué historia tuvo mi mamá antes de mí. Qué soñaba. Qué temía. Qué decisiones fueron propias y cuáles obedecieron a los mandatos de su tiempo.
Ver Las novias del sur fue mirar con otros ojos el silencio entre generaciones, no como un vacío, sino como un espacio que todavía podemos habitar juntas. La película no busca respuestas; busca escuchar. Y en esa escucha hay algo parecido a la reparación.
Me conmovió por eso.
Porque me recordó que mi mamá también fue hija. También fue novia. Y aunque no me lo haya contado, también tuvo su Sur.
No crecí en la violencia, sino en el cuidado, una casa donde siempre había alguien atento a que nada faltara. Y, sobre todo, una mamá que me procuraba el cine, me ponía películas, me acercaba catálogos, me conseguía esas rarezas que un hijo caprichoso pedía; sembró la curiosidad y la paciencia para mirar.
Por eso, en el marco del 25N, esta película es para mí un gesto de gratitud, no para señalar lo que no vivimos, sino para abrir un hilo hacia lo que aún no preguntamos. ¿Quién fue mi mamá antes de ser mamá? ¿Qué caminos eligió, qué silencios sostuvo, qué historias guardó en fotografías que no hemos mirado del todo?
Quizá el cine sea ese lugar donde, al fin, nos damos tiempo para escuchar.
Y donde puedo decir en voz alta algo que llevo conmigo desde niño: si soy programador de cine, es por ella.
Las novias del sur me hizo pensar en mi mamá.
Es una película que mira hacia atrás sin nostalgia, con una ternura afilada, como quien sabe que el pasado también puede doler por lo que nunca se dijo. Mira de frente a mujeres que cuentan sus bodas, sus ritos, aquello que se esperaba de ellas y lo que quedó sin nombrar. En esa escucha no hay acusación, hay un lugar para preguntar y volver a mirar con calma.
Elena López Riera se sienta frente a mujeres mayores para escucharlas hablar del amor, del matrimonio, de la vergüenza, de lo que sí hicieron y de lo que nunca se atrevieron a hacer. Son mujeres del sur de España, pero también podrían ser nuestras tías, nuestras abuelas, nuestras madres. Mujeres que aprendieron a callar antes que a nombrar lo que sentían.
Marian Luna,
Auxiliar del proyecto de formación y alfabetización audiovisual,
presenta:
Cuando pienso en el 25N, lo primero que viene a mi mente son preguntas. Si el lenguaje es
poder, y aunque no es determinante, influye en cómo entendemos el mundo... Me pregunto:
¿Qué es “la” violencia?
¿Engloba a todas o, por el contrario, las invisibiliza?
¿Quién es “la” mujer?
Si no existe un único modelo de mujer, si somos múltiples y diversas, tal vez incluso en su
nombre el 25N corre el riesgo de simplificar lo que busca visibilizar. Puede que no haya sido
intencional, sino el resultado de vivir en una sociedad que reduce a “la mujer” a una categoría única y cerrada, que reduce “la violencia” a una realidad universal. No me mal entiendas: no niego la importancia del día ni su necesidad, pero creo que es importante cuestionar de qué violencias hablamos y a qué mujeres se les da voz ese día.
En este día pienso especialmente en aquellas mujeres que han tenido que luchar doblemente por el reconocimiento de sus derechos y de su humanidad. Mujeres que el sistema no quiere ver, que quedan al margen de las narrativas hegemónicas:
Prostitutas, Migrantes, Reclusas, Transgénero, Negras, Indígenas, Neurodivergentes y más.
El 25N no solo debe ser un espacio para reflexionar sobre las violencias que enfrentamos, sino también las que hemos reproducido... la violencia que he ejercido contra otras, que reconozco y nombro, porque solo al verla podemos cuestionarla. Creo que, solo desde esa doble mirada podemos pensar en una verdadera eliminación de las violencias, porque no solo vienen de fuera, también se perpetúan entre nosotras.
Al final, cuestionar también es una forma de resistir.
Karla Ponce,
Auxiliar de la Dirección General,
presenta:
Ser una persona no binaria es, para nuestra cosmovisión, una imposibilidad, porque concebimos el género como algo dual, innato e inherente al ser humano que nos dicta cómo actuar, vestir, la forma de comportarnos con los demás e incluso nuestro sentir y pensar mediante imposiciones naturalizadas que han causado una violencia estructural que afecta a todxs de distintas formas, y afortunadamente se ha visibilizado como a las mujeres se les impone el trabajo doméstico, el amor romántico, los estándares de belleza inalcanzables, la maternidad, la cosificación y sexualización constante, etc. Sin embargo, poco se habla de cómo todas estas permean en las disidencias, a las que se les agregan factores de marginalización y discriminación por no ser parte del sistema cishetero hegemónico y normativo.
Las disidencias (mujeres lesbianas, trans, bisexuales, no binarias, queer, etc.) comparten un carácter disruptivo que hace que el sistema que privilegia constantemente a lo masculino cishetero les niegue su mera existencia, les invisibilice e incluso se les castigue constantemente por “esencialismos biológicos” que provocan posturas radicales que niegan la sororidad y no nos permiten ampliar la mirada para que las luchas por erradicar esta violencia se vuelven complementarias y no excluyentes.
Jenniffer Córdova,
Coordinadora del área de Convocatorias
presenta:
Hablar de violencia me resulta complicado porque está tan presente en el cotidiano, que tristemente se normaliza o intento ignorarla lo más posible.
Ser una persona leída “como mujer” en el espacio público es suficiente para saberse expuesta a las violencias que atraviesan al género, pero, además, ser leída como “una mala mujer” que no cumple con los roles y estereotipos de la feminidad, agrega un violento deseo de corrección.
Muchas veces me quedo en esa burbuja de ignorar la posibilidad de la agresión, hasta que se ve reventada por alguna persona en el espacio público, que el sistema le ha hecho creer que tiene el poder y el deber de transgredir lo personal y ahí recuerdo, que, aunque a veces me hablan en masculino, en cualquier momento puedo vivir violencia por ser mujer.
El 25N, declarado por la ONU, se quedó corto en su designación al hablar de la violencia contra la mujer; me hace preguntarme ¿en qué mujer pensaban? La pregunta de ¿Quién es el sujeto político del feminismo? resulta más pertinente que nunca, porque las violencias si bien se generalizar, no se encarnan de la misma manera.
Las disidencias, las realidades periféricas de personas precarizadas, lesbianas, queer, no binarias, negras, de comunidades originarias, Trans, personas con diversidad funcional, migrantes, y un sinfín de intersecciones subjetivantes, no suelen ser el eje de las políticas del género y evidencia la necesidad de utilizar un lenguaje y acción situado.
Es importante que el cine sea ese campo de creación y exhibición a esta infinita pluralidad de vidas, como apuesta a la sensibilización, espacios de diálogo y reflexión que desmonten dogmas.
Pienso en las mujeres que son atravesadas por sistemas de usos y costumbres que pueden llegar a complejizar los roles de género, el acceso a la justicia, las posibilidades de vivirse de otras maneras. “Mirinkua” es un cortometraje codirigido y coproducido por Regina Díaz Murguía y Ximena Xolalpa, que retoma una leyenda purépecha para hablar de la obligación de las mujeres a casarse con sus agresores e incluso ser asesinadas por no satisfacerles. La agencia que las directoras otorgan a la protagoniza de reivindicar su muerte a través de una venganza mística, me parece una forma interesante de aproximarse al tema del feminicidio, desde el género del terror.
La sexualidad de las mujeres está intrínsecamente ligada a las costumbres, a las expectativas que se tienen de sus cuerpos, sus vidas, sus destinos si se alejan de esas construcciones. “Huachinango rojo (Behua Xiña)”, de Cynthia Lizbeth Toledo, nos recuerda que en comunidades como la zapoteca del Istmo de Oaxaca, aún celebran una mancha de sangre en la sábana blanca que de testigo de una atesorada pureza.
El cortometraje documental no se queda en los colores y la música, estampa la dualidad entre la fiesta y la violencia que no se enuncia, esa violencia que no solo es simbólica, sino que transgrede hasta el feminicidio, porque lo que se espera de las mujeres no solo es virginidad, sino obediencia y aceptar el control hasta sus últimas consecuencias.
Pero esa violencia generalizada de la que hablaba al principio y que se encarna según los matices contextuales, no exenta a las mujeres de las urbes, de la ciudad que más ruge y con la misma velocidad del metro atravesando de una estación a otra, con esa velocidad y premura desaparecen las mujeres y se cobran vidas.
“Sobrevivir al Feminicidio”, es un trabajo audiovisual de Regina Butze, que parecería un relato de la vida cotidiana, atravesado por el miedo y la adrenalina por intentar sobrevivir. Como las estadísticas indican suelen ser los casos más comunes, accionado por un familiar que habita en el propio hogar, se narra a propia voz un intento de feminicidio que espero, conmueva al menos a quien atestigua este documental y genere empatía ante las infinitas víctimas de violencia.
A diferencia de los tres cortos anteriores que nos recuerdan que ni en nuestras casas estamos seguras, tenemos “Impronta”, que a través de la ciencia ficción, explora temas de desaparición forzada y la búsqueda de respuestas a través de tecnología que permite revivir fragmentos.
Este trabajo, dirigido por Rafael Martínez-García, revive el miedo de cientos de madres, a tener que buscar un día a sus hijas, sin saber si viven o no.
Ya sea a mano de una persona con la que se convive diariamente o una sombra anónima, la desaparición y asesinato de mujeres es un problema público y con raíces multifactoriales, que si bien no desaparecerá por ver una película, si puede al menos reordarnos que aquí está, por más que yo trate de ignorarlo y evitar recordarme que podría ser la siguiente para no paralizarme y poder seguir saliendo a las calles.
Congregarnos en torno a una pantalla que nos duele, espero no solo pique las heridas, sino que nos de herramientas para dialogar, para agruparnos, que nos indigne y nos encienda para continuar reclamando el derecho a ser estar vivas, a transitar sin miedo y que ningún contexto social, costumbre, condición, nos arrebate la posibilidad de ser felices.
Creo que a medida que las personas y como sociedad, entendamos que no hay una forma única de ser, ni un deber ser, y que podemos permitirnos ser quienes querramos, podremos respetar la libertad de lxs otrxs y con esperanza, sumarse a la defensa de la libertad de Todxs; ojalá el cine nos haga un poco más libres.
Camila Martínez
Auxiliar del proyecto de difusión y comunicación
presenta:
Para mí, el 25N significa detenerme a mirar de frente la violencia contra las mujeres y las niñas que continúa marcando nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestros espacios más íntimos. Pienso en las amigas que me han acompañado con su escucha, en las compañeras de trabajo que me sostienen en los momentos más duros, en esas redes invisibles que, aunque pequeñas, hacen posible que no nos sintamos solas. La sororidad no elimina la violencia, pero la hace menos asfixiante. Creo que el cine tiene un papel fundamental en esta lucha: permite visibilizar lo que muchas veces se silencia, abrir conversaciones incómodas y, sobre todo, imaginar futuros distintos. El tema que me interesa y me gustaría tocar es el de la locura.
Mientras que al hombre se le concede el aura del genio atormentado, a la mujer se le condena a la histeria, el desequilibrio o la amenaza social. En el cine, estas representaciones han marcado profundas diferencias: la mujer loca como objeto de fascinación, de peligro o de encierro, frente al hombre loco como visionario o incomprendido. Revisitar estas películas permite observar cómo distintas culturas y épocas han narrado la experiencia de la enfermedad mental, el deseo, el cuerpo y la identidad femenina desde lugares tan poéticos como perturbadores.
María Guadalupe Tenorio, coordinadora de Proyectos Especiales,
presenta:
Y de pronto, un día me desperté. Entendí que no vine a esta vida solo para criar o sostener, sino para crecer, para descubrirme, para elegir mi camino con libertad. Comprendí que cuando el amor duele más de lo que abraza, no es amor, es ausencia disfrazada. Me rompí, sí, pero de esas grietas brotó la luz que tenía adentro. Ya no busco respuestas en quien no puede darlas, porque entendí que sanar no es entender al otro, sino rescatarme a mí misma. No soy responsable de las heridas que no sanaron en otros. Hoy, me elijo a mí. Me reconstruyo. Y en cada pedazo que vuelvo a juntar, descubro que el amor más fuerte y verdadero es el que por fin decidí darme a mí.
Karen Vargas, auxiliar de Proyectos Especiales,
presenta:
Para mí, el 25N es un recordatorio de esas violencias que no siempre se nombran, pero que se vuelven parte de nuestra vida cotidiana.
En mi caso, han habitado en la manera en que miro mi cuerpo. Mi peso siempre ha sido un problema, no solo por lo que otros dicen, sino por lo que yo misma me repito frente al espejo; incluso cuando mi figura se adaptaba y transformaba al gusto de otras personas, nunca me sentía conforme: siempre había algo que me sobraba o me faltaba, una incomodidad constante y exasperante.
Pero esa insatisfacción no nació de mí, sino de un entorno que me exige encajar en moldes imposibles. Es una agresión silenciosa, pero persistente, que se alimenta de comentarios, de expectativas, de miradas. Con el tiempo, he tratado de reconciliarme con mi reflejo y de recordar que mi cuerpo no es un error, sino una memoria viva: guarda mis risas, mis duelos, mis aprendizajes y mis fortalezas.
El 25N me invita a transformar ese dolor en conciencia. A entender que esas inseguridades no son una falla personal, sino una herida colectiva que compartimos muchas mujeres. Me recuerda que la sororidad es un refugio: mirarnos entre nosotras con ternura y sin juicio, acompañarnos y reconocer que cada cuerpo, en su singularidad, es digno.
El cine, en este sentido, nos ofrece un espacio para sentirnos vistas y escuchadas, para reconocer nuestras vulnerabilidades y resistencias. Nos permite imaginar nuevas formas de habitar nuestros cuerpos con amor, libertad y respeto.
Areli Flores,
Coordinadora del proyecto de Formación y alfabetización audiovisual,
presenta:
Por muchos años normalice el maltrato de mi familia y de la sociedad en general, hasta que me di cuenta que, a través de trabajar con infancias y juventudes, vi la terrible situación de que continuamos repitiendo y normalizando las mismas conductas de violencia dentro de las familias de mis alumnos y alumnas.
Por lo anterior tomé la decisión de enfocar mi proyecto de vida en crear propuestas que ayudaran a infancias y juventudes a expresarse libremente a través del cine, fomentando la participación activa, implementando la metodología del aprender haciendo, y haciendo hincapié en la exploración reflexiva de contar historias con el fin de que hablaran de sus sentimientos, inquietudes, anhelos, sueños, preocupaciones y propuestas individuales o en colectivo.
Estoy segura que el cine es una gran herramienta que puede llegar a concientizar y sensibilizar, y también puede transformar pensamientos e ideologías: he visto a gente entrar a una sala de cine pensando una cosa y salir cuestionando y reflexionando sobre lo visto, y en la actualidad, es difícil que las personas nos cuestionemos algo a menos de que lo hayamos visto o escuchado en el inmenso mundo de la infodemia.
Mi propuesta de contenido para programar en el 25N es un corto documental que recoge el testimonio de niñas y adolescentes sobre diversos temas, y que con gran valentía hablan justo de lo que sienten y piensan.
CICLO DE CINE MEDIOAMBIENTAL
Propuesta de programación anual
en colaboración con
SEDEMA
Medio Ambiente: Cuidado y conservación del agua
El agua es origen, sustento y destino. En cada gota se guarda una historia: la de los pueblos que la veneran, la de los ríos que resisten, la de las comunidades que luchan por su permanencia. Esta programación reúne miradas diversas sobre la relación entre los seres humanos y el agua, desde lo ritual hasta lo político, desde lo ancestral hasta lo contemporáneo.
En Ndatu savi, la suerte del agua y Río negro, el flujo vital del agua se entrelaza con los conflictos territoriales y ambientales que atraviesan distintas regiones del país. Los documentales evidencian la fragilidad de los ecosistemas y la urgencia de repensar nuestra relación con este recurso esencial.
Los programas de cortometrajes La memoria del agua y Tiemperos: guardianes de la lluvia profundizan en las historias que el agua guarda: los bosques que la resguardan, los pueblos que la celebran, los agricultores que la honran con su trabajo y los saberes que la naturaleza aún susurra a quienes saben escuchar. Obras como Bosque de agua, Raíces de agua y Tlalocan invitan a redescubrir la importancia de los territorios hídricos, mientras que Misioneros del temporal y Guardianes del tiempo nos acercan a las comunidades que conservan prácticas milenarias para cuidar la lluvia y mantener el equilibrio del entorno.
A través de estas películas, el agua se revela no sólo como un recurso natural, sino como un vínculo espiritual, cultural y político que une generaciones y territorios. Un espejo donde se reflejan nuestras formas de habitar, resistir y cuidar el mundo que compartimos.
Ciclo de cine
Juventudes en el cine mexicano
en colaboración con
AMACC
El ciclo Juventudes en el cine mexicano, es una iniciativa de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) en colaboración con Procine, la cual propone un acercamiento reflexivo y sensible a la representación de la juventud en distintas etapas de la historia del cine nacional. A través de una cuidada selección de cuatro largometrajes galardonados con el Premio Ariel en décadas pasadas, el ciclo traza una línea narrativa que permite observar cómo han sido retratadas las experiencias juveniles en México desde perspectivas diversas: la represión, el deseo, la amistad, la rebeldía, la fantasía y el despertar emocional.
Cada una de las películas que conforman este ciclo aporta una mirada única y crítica sobre
las complejidades del crecimiento y la juventud en diferentes contextos históricos, sociales y emocionales, desde la infancia hasta la adolescencia y los primeros pasos hacia la vida adulta. Además, se busca que el público no solo acude como espectador, sino que participe
en espacios de análisis y reflexión posteriores a las funciones, acompañados de la mano de
un experto, con el propósito de promover un diálogo activo sobre los temas que se abordan.
Este ciclo responde principalmente a promover el acceso libre y gratuito al cine mexicano de
calidad y, con ello, fomentar la reflexión colectiva sobre las juventudes y sus representaciones en pantalla, en contextos cambiantes. Asimismo, la elección de películas Ganadoras del Ariel permite ofrecer al público obras que han sido reconocidas por su excelencia artística y narrativa, al mismo tiempo que rescata y visibiliza títulos fundamentales, muchos de ellos poco accesibles para nuevas generaciones de espectadores.
En ese contexto, la inclusión de títulos premiados por la AMACC garantiza una curaduría de
alto valor cultural y cinematográfico, y permite a los espectadores descubrir o bien, redescubrir películas que forman parte del patrimonio fílmico nacional reforzando el compromiso de ambas instituciones con la recuperación y difusión de cine mexicano. Es importante destacar que, el enfoque del ciclo: Juventudes en el cine mexicano no solo apela a un público joven, el cual, por supuesto que puede verse reflejado en las problemáticas y emociones representadas, sino también a un público adulto interesado en revisitar o comprender desde nuevas perspectivas las etapas formativas del ser humano; o bien, acercarse a las películas consideradas joyas de antaño, en ese sentido el ciclo se convierte en una oportunidad de diálogo intergeneracional.
Georgina Cobos
Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas
Ciclo de cine
50 años del CCC
en colaboración con
AMACC
Celebramos con cine.
50 años del CCC es un ciclo conmemorativo que celebra el legado cinematográfico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) en su 50 aniversario. Bajo la gestión de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) y con el respaldo de PROCINECDMX, esta programación reúne una muestra representativa de obras creadas por egresados del CCC que han sido nominadas o, en su caso, galardonadas con el Premio Ariel, destacando el impacto de esta escuela en el desarrollo del cine mexicano. La selección incluye dos largometrajes y dos programas de cortometrajes que abordan temas humanos y sociales, como la memoria, la identidad, la migración, la juventud, la vida rural y la justicia histórica. Se trata de piezas que, más allá de su valor académico o institucional, dialogan con el público desde lo emocional, lo político y lo artístico. Las proyecciones, sucederán de forma gratuita en distintas sedes de la Red de Cineclubes de PROCINECDMX, buscando garantizar el acceso a una diversidad de públicos, a obras fundamentales del cine nacional reciente, muchas de las cuales no circulan actualmente en medios comerciales ni plataformas digitales.
Las películas y cortometrajes seleccionados en este ciclo no solo reflejan una diversidad de estilos, géneros y lenguajes cinematográficos, sino que también evidencian el papel fundamental del Centro de Capacitación Cinematográfica como uno de los pilares del cine mexicano contemporáneo. A lo largo de cinco décadas, el CCC ha sido mucho más que una escuela: ha funcionado como un semillero de voces críticas, sensibles y comprometidas, capaces de convertir el cine en una herramienta de observación, testimonio y resistencia. Este ciclo permitirá al público reconocer la influencia de la institución en la construcción de una cinematografía nacional con identidad, memoria y visión social.
Yamilet García
Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas
Barra de cine infantil
El cine infantil y la animación mexicana abren una ventana luminosa hacia la imaginación, la identidad y el aprendizaje colectivo. En esta selección, los mundos creados por niñas y niños realizadores dialogan con las voces de animadores y cineastas que, a través de sus historias, reafirman el poder del juego, la curiosidad y la creatividad como motores de cambio.
La Barra de cine infantil, conformada por cortometrajes del 30° Festival Internacional de Cine para Niños… y no tan niños, nos invita a descubrir universos donde los centavitos hablan, las rebanadas de pan tienen sentimientos y las ballenas nadan en mares amenazados por el plástico. Historias tiernas, divertidas y profundas que reflejan las preocupaciones y sueños de las nuevas generaciones, creadas por manos pequeñas que exploran grandes temas: la amistad, la diferencia, el medio ambiente y la empatía.
Por su parte, Trazos del cielo acompaña a niñas y niños totonacas que, desde su comunidad, aprenden a volar y a mantener viva una tradición ancestral. Su historia entrelaza la sabiduría de los pueblos originarios con la fuerza simbólica del vuelo como acto de esperanza, respeto por la naturaleza y continuidad cultural.
Finalmente, la 16ª Muestra del acervo de animación mexicana, con el programa ANIMASIVO, ofrece un recorrido por el talento y la diversidad de la animación nacional. Cortos que van del asombro a la reflexión, donde los mitos y las leyendas conviven con las emociones humanas y los desafíos contemporáneos. Estas piezas reafirman que la animación es un lenguaje capaz de preservar la memoria, despertar la imaginación y mirar el país desde múltiples perspectivas.
En conjunto, esta barra de programación celebra la mirada infantil, la tradición y la animación como herramientas de expresión y transformación cultural, recordándonos que el cine, en todas sus formas, sigue siendo un territorio para imaginar nuevos mundos posibles.
Dafne Munguía, 2025.
16° Muestra desde el acervo de animación mexicana
ANIMASIVO
De 2008 a 2022 el festival fue un espacio de encuentro y exploración sobre la animación independiente en cortometraje. Después de dos años, retomamos esa labor con una muestra que difunde y promueve la memoria de la animación mexicana, a partir del trabajo de catalogación y curaduría del Acervo de Animación Mexicana, un proyecto realizado con el apoyo de FOCINE y PROCINECDMX.
El acervo reúne obras que conforman la historia del cine de animación en México, desde los años treinta hasta la actualidad. ANIMASIVO 16 mostrará por primera vez en la Ciudad de México siete de los nueve programas que fueron presentados en el Festival de Annecy en 2023, reconociendo el trabajo de las curadoras Ana Cruz Rodríguez, Lourdes Villagómez Oviedo, Lucía Cavalchini, Tania de León Yong y Sofía Carrillo. Con esta muestra buscamos poner en valor la historia de la animación mexicana, y abrir espacios de reflexión sobre su presente y futuro.